Publicado en 4 Febrero 2014

Una otitis que terminó en sordera ¿Existió mala praxis médica?

La paciente B.R.O., de 50 años de edad, acudió el 25 de noviembre de 2010 a su médico de cabecera por faringitis y dolor de oído, provocada por una otitis media supurada del oído derecho. Sin embargo, el 1 de diciembre, la paciente tuvo que acudir al Servicio de Urgencias de su hospital por vértigo, vómitos, dolor, con hipoacusia (pérdida de audición) y acufenos (zumbidos en el oído) del oído izquierdo, donde le indicaron amoxicilina.

Al día siguiente, la paciente acudió de nuevo a Urgencias de otro hospital, por un un empeoramiento de sus síntomas del día anterior. En esa unidad se le administró un tratamiento de con paracetamol, sulpirida y Primperan® por un diagnóstico de otitis media aguda. El 6 de diciembre, la paciente regresó al hospital por la persistencia de los síntomas, donde se le detectó el tímpano enrojecido, pero sin evidencia de perforación. El diagnóstico fue nuevamente, el de otitis media aguda y se añadió betahistina a su tratamiento.

El 17 de diciembre la paciente volvió al hospital por la persistencia de su dolor. Se le diagnosticó una otitis media secretora de ese oído, complicado con un cuadro vertiginoso asociado. Se le prescribió deflazacor y se le dijo que solicitará cita al Servicio de Otorrinolaringología.

Nueve días después, la paciente acudió a ese Servicio en el que se diagnosticó un síndrome vertiginoso, por lo que se le administró diazepam y se solicitó la realización de una audiometría, que dio como resultado pérdida de audición para todas las frecuencias del oído izquierdo.

Pruebas definitivas

El 26 de febrero, ya de 2011, B.R.O. acudió a una consulta privada por mareos, con lateralización de su cuerpo hacia la izquierda, cefaleas y zumbidos en el oído izquierdo. Se realizó una audiometría tonal que reveló una cofosis en el oído izquierdo, una ausencia total de audición.

El 18 de marzo de 2011 se realizó una Prueba de Determinación de Potenciales Evocados Auditivos del Tallo Cerebral (P.E.A.T), en un centro médico privado, que indicó una alteración del nervio acústico izquierdo. Se le dijo al paciente su alteración desaparecería lentamente y recuperaría poco a poco la audición en unos meses.

Sin embargo, dos meses después una audiometría mostró una evidente hipoacusia (pérdida de audición) para todas las frecuencias del oído izquierdo, mientras que siguieron sus zumbidos constantes.

Casi un año después, el 27 de abril de 2012, se dictaminó la incapacidad permanente en grado total para la paciente por hipoacusia neurosensorial izquierda, hiporreflexia laberíntica izquierda post-laberintitis viral y un trastorno adaptativo.

¿Existió mala praxis médica? ¿Negligencia, impericia o imprudencia?

El miércoles de la semana que viene, la solución.

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Publicado en 30 Enero 2014

Negligencia médica, Imprudencia e Impericia ¿Qué es cada concepto?

A la hora de hablar de mala praxis médica se deben abordar muchos conceptos para conseguir actuar con la propiedad necesaria en cada caso médico. Por este motivo, vamos a toomar tres conceptos muy importantes dentro de una posible mala praxis médica, como son las negligencias médicas, la imprudencia y la impericia.

Las negligencias médicas se producen cuando el médico actúa sin cumplir con las normas que rigen su profesión. Como ya hemos explicado en algún artículo anterior del blog, se producen por un descuido en la forma de actuar del médico o el profesional sanitario. Es decir, se produce una omisión consciente en el que se deja de cumplir un acto que el deber funcional exige, por lo que -si se produce un daño-, es totalmente punible judicialmente en el caso que suceda y se detecte.

Imprudencia e Impericia

Por su parte, la imprudencia médica hace referencia a acciones que realiza un profesional sanitario de forma temeraria, y que por ello son previsibles desde un punto de vista objetivo, por lo que al cometer una de ellas, se puede estar incurriendo en delito. Es punible e inexcusable, como se puede apreciar en este caso que resolvimos hace unos meses.

Por su parte, la impericia, como dice la palabra, hace clara alusión a una falta de pericia del profesional sanitario en su quehacer profesional. Es decir, falta de sabiduría en sus acciones, experiencia y habilidad en la ejecución de su profesión, que pueden perjudicar directamente al paciente, como ya vimos en este caso publicado en nuestro blog en 2013.

¿Quieres conocer diferentes tipos de negligencias habituales? Haz clic aquí.
¿Crees que has sufrido alguna mala praxis médica? Consulta con nosotros. Te asesoramos.

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Publicado en 27 Enero 2014

Resolución caso niña con desviación en la columna vertebral que quedó parapléjica: Hubo negligencia

Tras exponer la semana pasada un caso de una niña con desviación en la columna vertebral que quedó parapléjica, presentamos la resolución del mismo, en el que la paciente G. F. R., con antecedentes de displasia ósea múltiple y Síndrome de Stuve-Wideman, fue operada en julio de 2010 para corregir una deformidad angular de los miembros inferiores, siendo la evolución favorable. Fue dada de alta una semana después, por lo que se puede afirmar, de manera clara y objetiva, que hasta esa fecha la paciente era independiente para las actividades de la vida diaria.

El 9 de julio de 2011, más de un año después, la paciente ingresó de nuevo en el mismo hospital para corregir la escoliosis del síndrome de Stuve-Wideman que padecía. Durante el procedimiento quirúrgico se realizó un estudio electrofisiológico donde se evidenció una afectación medular caudal intraoperativa durante las maniobras de corrección, sin que hubiera recuperación al cierre de la cirugía. Es decir, se identificó claramente una lesión medular por la caída de los potenciales evocados tanto motores como somatoestéticos y que ésta se correspondió con las maniobras de corrección. Sin embargo, de forma inexplicada, se decidió mantener la corrección de la escoliosis.

La niña permaneció parapléjica e insuficiencia respiratoria en la UCI, por lo que dos días después, se intervino nuevamente a la paciente para deshacer las maniobras de corrección. Lamentablemente, tras la cirugía no se apreció ningún cambio a nivel del sistema nervioso motor ni sensitivo.

El 22 de julio se le realizó una arteriografía medular que demostró la ausencia de vascularización medular arterial, compatibles con los hallazgos de la resonancia magnética efectuada unos días antes por la presencia de un edema. Los pacientes afectados de una escoliosis tienen alterada la vascularización y, por tanto, un mayor riesgo de isquemia medular, debido a la vasoconstricción (el estrechamiento de un vaso sanguíneo) crónica de las arterias espinales. A esto se le añade que las maniobras de corrección tienen de por sí un riesgo importante de lesión de componentes neuronales y vasculares.

La lesión medular que ocurrió durante la corrección quirúrgica de la escoliosis fue causada por la pérdida de flujo sanguíneo de la misma en la zona medular. Esta isquemia medular produjo por tanto una excesiva corrección de la curvatura de la columna vertebral, con el consiguiente estiramiento excesivo de los haces nerviosos y vasculares, manteniendo en contra de lo recomendado la reducción mecánica de las escoliosis con el material de osteosíntesis sin que se corrigiera esta alteración nerviosa al final de la cirugía.

Punto clave

En este punto, es muy importante señalar que una isquemia medular de unos 2 minutos podría ser reversible, pero transcurridos más de 10 minutos de isquemia se produce un infarto medular (muerte del tejido), siendo la lesión irreversible. Si se hubiesen desecho las maniobras de corrección en el momento de la comprobación de la lesión al verificar la pérdida de potenciales evocados durante la intervención- se habría dado la oportunidad demostrable de mejoría en la lesión isquémica medular. Por lo que lamentablemente, se perdió la posibilidad de recuperarse de la lesión medular.

Por esta negligencia, la niña G. F. R. precisará de ayuda permanente de otra persona para realizar cualquier acción de su vida cotidiana y también de asistencia médica. Tampoco podrá realizar aquellas actividades educativas que precisen destreza de las mismas sin adaptaciones o sin ayuda de una tercera persona, e incluso precisará material para la incontinencia urológica y fecal.

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