Caso de Cirrosis Hepática

Publicado en 5 Noviembre 2013

Caso de Cirrosis Hepática

El paciente M.J.A., con antecedentes de cirrosis hepática y episodios de hemorragia digestiva alta y una gastropatía hipertensiva de grado moderado-severo, acudió el día 25 de junio de 2011 al servicio de Urgencias de un centro sanitario por una inflamación del abdomen y de ambos tobillos. Además, presentaba dificultad para respirar y astenia.

La auscultación cardiaca y pulmonar fueron normales y el abdomen se mostró blando, depresible, no doloroso a la palpación, y sin encontrar signos de irritación peritoneal. Los miembros inferiores presentaron un mínimo edema maleolar con signo de fóvea. De esta manera, se le diagnosticó una ascitis y aconsejó que siguiera con su tratamiento habitual, se le dio el alta hospitalaria y no se le realizaron pruebas diagnósticas o terapéuticas.

El día 5 de julio volvió a Urgencias por un aumento del perímetro abdominal y edemas en ambos miembros inferiores. Durante la estancia en observación, el paciente evolucionó favorablemente, y después de realizarle una paracetesis se le dio el alta hospitalaria, con el diagnóstico de ascitis con descompensación hidrópica, para lo que se le recomendó administrar Aldactone ® _(espironolactona) 100 mg cada 24 horas, Segurild ® (furosemida) 40 mg cada 24 horas por vía oral. En la radiografía del tórax y del abdomen no se encontraron alteraciones patológicas.

Tres días más tarde, M.J.A. volvió al centro de salud por el dolor y distensión abdominal. El paciente se encontró con buen estado general, consciente y orientado, sin fiebre y sin dificultad respiratoria. Se le efectuó el diagnóstico de ascitis en paciente con cirrosis hepática” y recibió el alta hospitalaria, con la recomendación de administrar metamizol por vía oral y continuar con su tratamiento diurético.

Pero ese mismo día, horas más tarde, el paciente volvió al Servicio de Urgencias por dolor abdominal, aumento del perímetro abdominal, torpeza y dificultad para realizar actividades normales. Después de explorarlo, y sin realizarle pruebas diagnósticas, se le administró un enema rectal que fue muy efectivo, y se le diagnosticó ausencia de patología urgente”. Le dieron el alta y le recomendaron de administración de lactulosa, junto con una dieta baja en sal.

Sin embargo, el día 9 de julio, M.J.A. ingresó en una clínica por presentar una encefalopatia hepática. En la exploración se encontró una tensión arterial de 120/60 mm de Hg, confusión, desorientación, hipo ventilación en ambas bases pulmonares y la presencia a nivel abdominal de ascitis moderada. Entonces se le realizó al paciente una ecografía de abdomen que encontró un hígado de pequeño tamaño sin apreciar lesiones ocupantes de espacio en su interior y sin dilatación de la vía biliar intra hepática; el bazo presentó un tamaño de 14.5 cm y una importante cantidad de líquido ascítico; no se consiguió visualizar la vesícula biliar, la vena porta, el conducto colédoco, ni el páncreas.

M.J.A. recibió tratamiento con nutrición parenteral, antibióticos y lactulosa, con mejoría del nivel de conciencia. El día 15 de julio de 2011, el paciente volvió a tener un empeoramiento del dolor abdominal, con un empeoramiento de la encefalopatía hepática. Se le practicó una tomografía de abdomen, que encontró un hígado cirrótico, con el eje vascular esplénico-portal, y la vena mesentérica superior sin relleno del contraste, en relación con una trombosis. Se efectuó el diagnóstico de trombosis de la vena mesentérica y una encefalopatía hepática.

M.J.A. evolucionó con empeoramiento de su estado general con signos de encefalopatía hepática de grado III, una importante cantidad de ascitis abdominal, deterioro de la función renal. Se comprobó la presencia de una trombosis del sistema portal y descompensación de la función hepática y renal.

¿Crees que existió mala praxis? ¿En qué momento? ¿De qué tipo?

La solución, el próximo miércoles en este mismo blog.

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